El diputado francés Benoît Larrouquis conversó con Juan Carlos Valencia, presidente de la Asamblea de Risaralda, sobre la necesidad urgente de gestionar ayuda internacional para las comunidades afectadas.
19 de agosto de 2026
Escrito por: Daniel Fernando Mejía Lozano
Corresponsal sénior desde París, Francia
PARÍS — A miles de kilómetros de las ciudades colombianas afectadas por el terremoto, una conversación por videollamada conectó a un dirigente regional que pedía ayuda con un diputado francés que podía trasladar esa petición a Europa.
De un lado se encontraba Juan Carlos Valencia, presidente de la Asamblea Departamental de Risaralda. Del otro, Benoît Larrouquis, diputado de la Asamblea Nacional de Francia y representante de los ciudadanos franceses residentes en América Latina y el Caribe.

El diálogo, promovido por la Organización Democrática Mundial (ODM), se produjo mientras Colombia enfrentaba las consecuencias del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió varias regiones del país y provocó centenares de víctimas, personas desaparecidas y graves daños en viviendas, hospitales e infraestructura.
Valencia describió la situación que se vivía en Risaralda y expuso la necesidad de recibir rescatistas, equipos especializados, atención médica y ayuda humanitaria. Su intervención buscaba que la emergencia regional llegara directamente a un interlocutor con capacidad para gestionar contactos ante el Gobierno francés y otras instituciones europeas.
Larrouquis escuchó el informe del dirigente colombiano y manifestó su disposición a transmitir la solicitud a las instancias correspondientes. La conversación no representaba por sí sola una petición oficial del Gobierno colombiano ni sustituía los procedimientos diplomáticos requeridos para recibir asistencia internacional. Pero abrió un canal político en un momento en el que las autoridades territoriales intentaban hacer visible la dimensión de la tragedia.
Para Valencia, el encuentro también tenía un componente personal. Mientras participaba en las gestiones institucionales, enfrentaba la incertidumbre causada por la desaparición de su hermano en Pereira después del terremoto. Esa circunstancia convirtió la conversación en algo más que un intercambio protocolario: era la petición de una autoridad regional y, al mismo tiempo, el reclamo de una familia atrapada en la emergencia.
Larrouquis ocupa un lugar particular dentro de la política francesa. Su circunscripción comprende América Latina y el Caribe, por lo que su mandato está estrechamente relacionado con las comunidades francesas de la región y con las relaciones políticas, económicas y sociales entre ambos continentes.
El diputado ya había defendido públicamente la necesidad de fortalecer la presencia europea en América Latina. En una entrevista exclusiva concedida a Pluralidad Z desde la Asamblea Nacional de Francia, sostuvo que Europa debía ampliar sus vínculos comerciales y estratégicos con la región en un escenario marcado por la creciente influencia de Estados Unidos y China.
La tragedia colombiana llevó esa relación a un terreno más inmediato. Ya no se trataba solamente de acuerdos comerciales, inversiones o competencia geopolítica, sino de encontrar mecanismos capaces de movilizar recursos frente a una emergencia humanitaria.
La respuesta europea
Tras el terremoto, la Unión Europea activó su servicio de observación satelital Copernicus para apoyar las operaciones de rescate y la evaluación de los daños. La Comisión Europea anunció posteriormente 2,1 millones de euros en asistencia humanitaria de emergencia para las comunidades más afectadas. Comisión Europea
La respuesta se amplió mediante el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea. Alemania aportó utensilios de cocina y filtros de agua; Suecia ofreció tiendas de campaña y mantas, y Luxemburgo puso a disposición más refugios temporales. Un coordinador europeo de respuesta rápida también fue enviado a Colombia para apoyar la organización de la asistencia sobre el terreno.
La ayuda europea fue el resultado de la activación de mecanismos oficiales por parte de Colombia, de las decisiones adoptadas en Bruselas y de diferentes gestiones diplomáticas. No existe información pública que permita atribuir la totalidad de la respuesta a una sola persona o conversación.
Sin embargo, el encuentro entre Larrouquis y Valencia mostró cómo las autoridades regionales pueden recurrir a la diplomacia parlamentaria para hacer llegar sus necesidades a espacios internacionales de decisión.
La ODM, que facilitó el contacto, presentó la reunión como un ejercicio de cooperación entre Colombia y Francia. La organización sostuvo que, ante una catástrofe de esta magnitud, los vínculos construidos en foros y encuentros internacionales deben transformarse en canales efectivos de solidaridad.
En las horas posteriores al terremoto, mientras los equipos de emergencia continuaban buscando sobrevivientes, el diálogo entre un diputado francés y un dirigente de Risaralda representó una vía adicional para pedir ayuda.
No fue una negociación entre gobiernos ni una garantía inmediata de asistencia. Fue algo más elemental, pero también necesario durante una crisis: una autoridad colombiana relatando lo ocurrido y un legislador europeo dispuesto a llevar ese mensaje más lejos.









