Testigo de la DEA señala a Gustavo Petro y lo acusa ante Estados Unidos

Durante meses, en salas discretas de fiscales federales en Estados Unidos, un exnarcotraficante colombiano convertido en testigo protegido ha ofrecido una serie de declaraciones que, de confirmarse, podrían tener implicaciones políticas de alto nivel en Colombia. Su nombre es Juan Fernando Álvarez Meyendorff, y su testimonio apunta directamente al presidente Gustavo Petro.

Álvarez Meyendorff no es un desconocido para las autoridades. Durante años estuvo vinculado a redes internacionales de narcotráfico antes de ser capturado y extraditado a Estados Unidos, donde posteriormente decidió colaborar con la justicia. Como ocurre en muchos casos federales, su cooperación le ha permitido acceder a beneficios judiciales, una práctica habitual que, sin embargo, también obliga a examinar sus afirmaciones con cautela.

Según su testimonio, presentado en al menos tres ocasiones ante fiscales en Nueva York, el exnarcotraficante habría participado en la entrega de dinero en efectivo —dólares provenientes de actividades ilícitas— destinado a campañas políticas en Colombia. Parte de esos recursos, afirma, habrían tenido como destino estructuras políticas asociadas a Gustavo Petro en años previos a su llegada a la presidencia.

Las declaraciones describen reuniones privadas, intermediarios y flujos de dinero difíciles de rastrear. Sin embargo, hasta ahora, no se han hecho públicas pruebas documentales o judiciales que respalden de manera concluyente estas afirmaciones. En el sistema estadounidense, este tipo de testimonios suele ser apenas el punto de partida de investigaciones más amplias que requieren corroboración independiente, ya sea mediante registros financieros, otros testigos o evidencia material.

El caso ha adquirido una nueva dimensión en Colombia, donde Álvarez Meyendorff presentó una denuncia formal ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, el organismo encargado de investigar al presidente. En ese documento, el testigo no solo reitera sus acusaciones, sino que introduce un elemento adicional: asegura que él y su entorno familiar han sido objeto de persecución judicial en Colombia como represalia por su cooperación con autoridades estadounidenses.

Según su versión, procesos judiciales contra su hermano y su expareja formarían parte de un patrón de presión destinado a desacreditarlo o silenciarlo. Estas afirmaciones, sin embargo, también carecen por ahora de verificación independiente y se insertan en un contexto político profundamente polarizado.

Ni el Departamento de Justicia de Estados Unidos ni la Administración para el Control de Drogas (DEA) han confirmado públicamente la existencia de una investigación formal contra el presidente colombiano basada en estos testimonios. Fuentes familiarizadas con este tipo de procesos señalan que las agencias federales suelen manejar estas indagaciones con estricta confidencialidad, especialmente cuando involucran a funcionarios en ejercicio de otros países.

En Colombia, la respuesta oficial ha sido de rechazo. El presidente Petro ha negado en repetidas ocasiones cualquier vínculo con financiamiento ilegal, calificando las acusaciones como parte de ataques políticos en su contra. Su gobierno no ha reconocido la validez de las denuncias y ha cuestionado la credibilidad de testigos provenientes del mundo del narcotráfico.

Analistas consultados coinciden en que el caso ilustra las complejidades de las investigaciones transnacionales sobre crimen organizado y política. Los testigos protegidos, particularmente aquellos con antecedentes criminales, son herramientas clave para las autoridades, pero también presentan riesgos. Sus testimonios pueden estar influenciados por incentivos legales, lo que obliga a un proceso riguroso de verificación antes de que puedan sustentar cargos formales.

Por ahora, el expediente permanece en una fase preliminar, sin imputaciones ni decisiones judiciales definitivas. Sin embargo, el solo hecho de que estas declaraciones existan —y de que se estén evaluando en escenarios judiciales en dos países— añade un nuevo capítulo a la ya compleja relación entre política y narcotráfico en Colombia.

A medida que las autoridades estadounidenses y colombianas determinen la credibilidad y el alcance de estas acusaciones, el caso podría evolucionar en múltiples direcciones: desde quedar archivado por falta de pruebas hasta convertirse en una investigación de mayores proporciones. Por ahora, se mantiene en el terreno incierto donde convergen testimonios, intereses judiciales y disputas políticas.

Daniel Fernando Mejia Lozano es director del periodico Le Journal Diplomatique, Corresponsal del Canal América en París Francia, articulista y columnista internacional, colaborador como analista de geopolítica en France24, Red+ Noticias, Cablenoticias, UnifeTv, Hispan Tv, Grupo Fórmula. Columnista en Pluralidad Z, Ceo Fundador Canal24Es Agencia de Prensa.

Coordinador para Europa y Asia de la Federación de Comunicadores Populares con sede principal en Madrid España. Recibió la carta de honor ciudadano de París de manos de la alcaldesa de la ciudad Anne Hidalgo en el 2025 por su destacada labor periodística en América Latina, ha sido autor del libro el Dorado si Existe, director general de la ODM en Europa y ha tenido reconocimientos en el Congreso de Perù, Colombia y Mèxico.


Daniel Fernando Mejía Lozano est un analyste de la géopolitique internationale et un expert du Moyen-Orient et de l'Amérique latine. Il est chroniqueur pour le magazine La Comuna en Espagne, correspondant européen de Tercer Canal en Colombie et de Canal America au Paraguay. Canal América A24 au Paraguay, il a été analyste pour France24, CNN Radio Argentina, Red+ Noticias Colombia, HispanTv, Radio Concepto Argentina, Radio Formula Mexico, Cablenoticias Colombia et blogueur pour le journal colombien El Tiempo. Militant des droits de l’homme et écologiste en Amérique latine, il a été conseiller parlementaire et candidat à l’Assemblée nationale colombienne. Il a reçu la Lettre du Citoyen de Paris pour son travail journalistique et le Prix Martin Luther King décerné par le Ministère de la Justice péruvien.

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