La exlegisladora peruana, sobreviviente de cáncer, convirtió una experiencia personal en una causa política. Ahora, su historia será parte del próximo libro del periodista Daniel Fernando Mejía Lozano.
Cuando Angélica Palomino comenzó a hablar del cáncer desde una curul del Congreso peruano, la enfermedad no era para ella una cifra en un informe sanitario.
La conocía personalmente.
Había pasado por el diagnóstico, los tratamientos y la incertidumbre. Había conocido, desde el lugar del paciente, una realidad que después llevaría a la política: en Perú, enfermarse gravemente puede significar también enfrentarse a distancias, trámites, falta de especialistas y una burocracia especialmente dura para quienes viven lejos de Lima.
Años después, Palomino vuelve sobre aquella historia en una extensa entrevista concedida al periodista y escritor colombiano Daniel Fernando Mejía Lozano, quien incluirá su testimonio en su próximo libro.
La conversación reconstruye una trayectoria en la que enfermedad y política terminaron entrelazándose: su lucha personal contra el cáncer, su paso por el Congreso, la batalla legislativa por ampliar la atención de los pacientes oncológicos y su posterior trabajo en territorios apartados del Perú.

El cáncer antes de la política
Palomino, abogada y excongresista por Piura, ha relatado públicamente que enfrentó un cáncer que llegó a presentar metástasis. Esa experiencia, según ha explicado en distintas oportunidades, modificó su manera de entender la salud pública y la acercó particularmente a la situación de los pacientes con menos recursos.
Cuando llegó al Congreso para el periodo 2020-2021, aquella experiencia se convirtió en parte de su agenda legislativa.
Palomino presentó el Proyecto de Ley 7127/2021-CR, una iniciativa destinada a brindar atención integral a adultos mayores con enfermedades oncológicas en condición de vulnerabilidad económica. El proyecto terminó integrándose, junto con otras propuestas parlamentarias, al dictamen que dio origen a la Ley Nacional del Cáncer.
La norma fue aprobada por el pleno del Congreso el 1 de julio de 2021 con 101 votos a favor y una abstención.
Pero la historia detrás de aquella votación había comenzado mucho antes.
Para Palomino, según relata en la entrevista con Mejía Lozano, impulsar una legislación relacionada con el cáncer significó enfrentarse también a resistencias administrativas, procedimientos legislativos y obstáculos burocráticos que podían parecer distantes de la urgencia que vive una persona que espera un diagnóstico o un medicamento.
Era precisamente esa distancia —entre la velocidad de la enfermedad y la lentitud del Estado— la que quería reducir.
Una ley y una firma presidencial
La Ley 31336, conocida como Ley Nacional del Cáncer, estableció la cobertura universal, gratuita y prioritaria de los servicios de salud para pacientes oncológicos y ordenó garantizar progresivamente una atención integral que incluyera promoción, prevención, diagnóstico, control y tratamiento.
La norma no fue producto de un solo legislador: surgió de la acumulación de varios proyectos presentados en el Congreso. La iniciativa de Palomino fue uno de ellos.
El 9 de agosto de 2021, el entonces presidente Pedro Castillo promulgó la ley en la Casa de Gobierno. Fue publicada oficialmente al día siguiente.
Castillo presentó entonces la norma como parte de un esfuerzo para que el acceso a la salud dejara de depender de la capacidad económica del paciente.
Para Palomino, aquella promulgación tuvo otra dimensión.
No era solamente el cierre de un procedimiento parlamentario.
Era el momento en que una discusión que ella había conocido primero en hospitales y tratamientos comenzaba a convertirse en obligación del Estado.
El país que está lejos de Lima
La historia que Palomino relata para el próximo libro de Mejía Lozano, sin embargo, no termina en el Congreso.
Uno de los ejes de la entrevista es su trabajo en zonas apartadas del Perú, donde ha participado en actividades y brigadas orientadas a acercar servicios de salud a poblaciones que viven lejos de los grandes centros urbanos.
Allí, la palabra “acceso” adquiere un significado diferente.
Para un paciente de una comunidad rural, recibir atención especializada puede exigir horas de viaje. Una consulta puede implicar transporte, alimentación y alojamiento. Un tratamiento prolongado puede obligar a una familia a abandonar temporalmente su trabajo o trasladarse a otra ciudad.
Y cuando se trata de cáncer, el tiempo perdido puede ser decisivo.
Cinco años después de aprobada la ley, esa brecha territorial sigue formando parte de los desafíos sanitarios peruanos. En Piura, por ejemplo, las autoridades regionales continúan utilizando brigadas médicas para llevar cuidados paliativos directamente a los hogares de pacientes con cáncer que tienen dificultades para desplazarse hasta un establecimiento sanitario.
Es una fotografía contemporánea de un problema mucho más antiguo: la concentración de servicios especializados frente a una población distribuida en un territorio extenso y desigual.
Una política construida desde la enfermedad
En la entrevista, Palomino regresa inevitablemente a su propia enfermedad.
No como un elemento accesorio de su biografía, sino como el punto desde el cual comenzó a mirar de otra manera el sistema de salud.
Haber sido paciente le permitió conocer el cáncer desde un lugar que las estadísticas no muestran: las horas de espera, el temor frente a un resultado médico, la dependencia de especialistas y medicamentos, y la incertidumbre que invade también a las familias.
Después llegó el Congreso.
Y desde allí intentó trasladar aquella experiencia al lenguaje frío de las leyes.
Presupuestos. Cobertura. Reglamentos. Instituciones. Medicamentos. Atención integral.
La política convirtió una experiencia profundamente personal en artículos legislativos.
Pero el problema que Palomino quería enfrentar era mucho más sencillo de explicar: que una persona enferma pudiera recibir atención sin que su lugar de residencia o su situación económica determinaran sus posibilidades de sobrevivir.
Una historia para un nuevo libro
La entrevista formará parte de la próxima obra de Daniel Fernando Mejía Lozano, periodista y escritor colombiano que trabaja nuevamente desde la entrevista y la crónica de no ficción para reconstruir historias de protagonistas de la vida pública latinoamericana.
El capítulo dedicado a Palomino buscará ir más allá de su trayectoria parlamentaria.
El relato seguirá a la mujer antes que a la congresista: la paciente que enfrentó el cáncer, la legisladora que intentó modificar las reglas para quienes atravesaban la misma enfermedad y la dirigente que siguió recorriendo comunidades alejadas acompañando jornadas y brigadas sanitarias.
Su historia también plantea una pregunta que atraviesa buena parte de América Latina.
¿Qué significa reconocer legalmente un derecho cuando ejercerlo continúa dependiendo del lugar donde una persona nace, vive o enferma?
En Perú, la Ley Nacional del Cáncer estableció en 2021 que la atención oncológica debía ser universal, gratuita y prioritaria.
La ley puso esas palabras sobre el papel.
El desafío, desde entonces, ha sido conseguir que lleguen hasta el último paciente.