Por derecha el ICE europeo: más expulsiones y un futuro incierto para los migrantes

En los últimos años, Francia se ha convertido en un destino cada vez más relevante para miles de migrantes provenientes de América Latina. Sin embargo, los cambios recientes en la política migratoria europea están redefiniendo profundamente su situación, especialmente para quienes solicitan asilo o viven sin documentos.

Según estimaciones recientes, cerca de 400.000 personas nacidas en América Latina residen actualmente en Francia. Dentro de este grupo, una proporción significativa enfrenta condiciones de alta vulnerabilidad: decenas de miles se encuentran en proceso de solicitud de asilo, mientras que otros viven en situación irregular.

Hermann Tertsch del Valle-Lersund EURODIPUTADO en Bogotà

Un sistema más rápido, pero más restrictivo

Con la entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, las autoridades buscan acelerar los procedimientos. En Francia, esto se traduce en decisiones más rápidas sobre las solicitudes, pero también en un aumento de rechazos en plazos más cortos.

Cada año, entre 15.000 y 25.000 latinoamericanos solicitan asilo en el país, con especial presencia de personas procedentes de Venezuela, Colombia y Haití. En total, se estima que entre 30.000 y 50.000 latinoamericanos permanecen en espera de una resolución en un momento dado.

El problema, señalan organizaciones de apoyo a migrantes, es que la rapidez del proceso puede limitar las posibilidades de defensa de los solicitantes, especialmente cuando no cuentan con asesoría legal adecuada.

La realidad de los “sin papeles”

Más difícil aún es la situación de quienes viven sin autorización de residencia. Aunque no existen cifras oficiales exactas, diversas estimaciones sitúan el número total de personas en situación irregular en Francia entre 600.000 y 800.000. De ellas, entre 80.000 y 120.000 serían de origen latinoamericano.

A diferencia de otros grupos migratorios, muchos latinoamericanos entran al país de manera legal —como turistas o estudiantes— y permanecen tras el vencimiento de sus visas. Esta particularidad influye en su perfil laboral: suelen trabajar en sectores como la limpieza, la hostelería, la construcción o el cuidado de personas mayores.

Entre la necesidad económica y el control migratorio

Francia, al igual que otros países europeos, enfrenta una paradoja. Por un lado, endurece sus políticas migratorias y refuerza los mecanismos de expulsión. Por otro, su economía depende en parte de la mano de obra extranjera, especialmente en empleos poco cubiertos por la población local.

Este equilibrio inestable se refleja en medidas como las regularizaciones caso por caso, que continúan existiendo pero bajo criterios más estrictos.

Un futuro incierto

Para muchos migrantes latinoamericanos en Francia, el futuro inmediato está marcado por la incertidumbre. Los cambios normativos apuntan a un mayor control y a procesos más ágiles, pero también más exigentes.

En este contexto, organizaciones sociales advierten que el acceso a información, asesoría legal y redes de apoyo será clave para quienes intentan regularizar su situación o solicitar protección internacional.

Mientras tanto, miles de personas continúan construyendo su vida en un país que, aunque ofrece oportunidades, también impone cada vez más barreras.

El llamado “ICE europeo” no es una agencia única como el Immigration and Customs Enforcement de Estados Unidos, sino un conjunto de mecanismos coordinados dentro de la Unión Europea, especialmente a través de organismos como Frontex y nuevas normas del Pacto Europeo de Migración y Asilo. En la práctica, consiste en reforzar el control de fronteras, acelerar los procedimientos de asilo y facilitar la detención y expulsión de migrantes en situación irregular, incluso hacia terceros países considerados “seguros”.

También incluye bases de datos compartidas, cooperación policial entre países y decisiones de retorno válidas en toda la UE.

El impacto socioeconómico de esta política es complejo. Por un lado, puede reducir la migración irregular y aliviar la presión sobre servicios públicos en el corto plazo, además de responder a demandas políticas internas de mayor control. Pero, por otro, puede generar efectos negativos como la precarización laboral, al empujar a más personas hacia la economía informal, y agravar la falta de mano de obra en sectores clave (construcción, cuidados, agricultura), donde Europa ya depende de trabajadores migrantes. A nivel social, también puede aumentar la marginalización y las tensiones, especialmente si se reducen las vías legales de integración, creando una población más vulnerable y menos protegida.

Daniel Fernando Mejia Lozano es director del periodico Le Journal Diplomatique, Corresponsal del Canal América en París Francia, articulista y columnista internacional, colaborador como analista de geopolítica en France24, Red+ Noticias, Cablenoticias, UnifeTv, Hispan Tv, Grupo Fórmula. Columnista en Pluralidad Z, Ceo Fundador Canal24Es Agencia de Prensa.

Coordinador para Europa y Asia de la Federación de Comunicadores Populares con sede principal en Madrid España. Recibió la carta de honor ciudadano de París de manos de la alcaldesa de la ciudad Anne Hidalgo en el 2025 por su destacada labor periodística en América Latina, ha sido autor del libro el Dorado si Existe, director general de la ODM en Europa y ha tenido reconocimientos en el Congreso de Perù, Colombia y Mèxico.


Daniel Fernando Mejía Lozano est un analyste de la géopolitique internationale et un expert du Moyen-Orient et de l'Amérique latine. Il est chroniqueur pour le magazine La Comuna en Espagne, correspondant européen de Tercer Canal en Colombie et de Canal America au Paraguay. Canal América A24 au Paraguay, il a été analyste pour France24, CNN Radio Argentina, Red+ Noticias Colombia, HispanTv, Radio Concepto Argentina, Radio Formula Mexico, Cablenoticias Colombia et blogueur pour le journal colombien El Tiempo. Militant des droits de l’homme et écologiste en Amérique latine, il a été conseiller parlementaire et candidat à l’Assemblée nationale colombienne. Il a reçu la Lettre du Citoyen de Paris pour son travail journalistique et le Prix Martin Luther King décerné par le Ministère de la Justice péruvien.

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