París. En una época marcada por el crecimiento acelerado de las ciudades, el cambio climático y la presión sobre los servicios públicos, la sostenibilidad urbana ya no se mide únicamente por la calidad de las infraestructuras o la eficiencia del transporte. Esa fue una de las principales conclusiones que dejó la participación del médico uruguayo Raúl Germán Rodríguez en el 10° Foro Global de Ciudades Sostenibles Agenda 2030, celebrado en la sede mundial de la UNESCO en París, donde líderes políticos, alcaldes, expertos en desarrollo urbano y representantes institucionales de ambos lados del Atlántico debatieron sobre el futuro de las ciudades.
Rodríguez, reconocido en Uruguay por su trayectoria en la medicina familiar y por su liderazgo dentro de uno de los sistemas mutuales más importantes del país, aportó una visión que trascendió los enfoques tradicionales de la planificación urbana. Frente a una audiencia internacional integrada por autoridades de América Latina y Europa, defendió la necesidad de incorporar la salud pública como uno de los pilares fundamentales de la gobernanza local. Su intervención puso el foco en un desafío que comparten las grandes ciudades del mundo: garantizar el acceso equitativo a servicios sanitarios de calidad en contextos urbanos cada vez más densos, complejos y desiguales.
La relevancia de su participación radicó en que trasladó al escenario internacional una discusión que habitualmente permanece confinada al ámbito sanitario. Rodríguez sostuvo que las ciudades sostenibles no pueden construirse únicamente a partir de inversiones en movilidad, tecnología o infraestructura verde. A su juicio, la verdadera sostenibilidad exige fortalecer la atención primaria, promover políticas preventivas y reducir las brechas de acceso a los servicios médicos, especialmente entre las poblaciones más vulnerables. En una región como América Latina, donde la desigualdad sigue siendo uno de los principales retos estructurales, el planteamiento encontró resonancia entre numerosos participantes.
El foro desarrollado en la UNESCO reunió a representantes de gobiernos locales, especialistas en innovación urbana, académicos y responsables de políticas públicas comprometidos con la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En ese contexto, la experiencia uruguaya presentada por Rodríguez fue observada como un ejemplo de cómo la inversión en salud puede convertirse en una herramienta estratégica para fortalecer la cohesión social y mejorar la resiliencia de las ciudades frente a futuras crisis. La pandemia de COVID-19, mencionada en varios de los paneles, sirvió como recordatorio de que la capacidad de respuesta sanitaria es hoy un componente inseparable de la planificación urbana.
Más allá de las cifras y los indicadores técnicos, la intervención de Rodríguez introdujo una reflexión de carácter humano en un encuentro dominado por conceptos como digitalización, transición ecológica y desarrollo territorial. Su mensaje insistió en que las ciudades del siglo XXI deben diseñarse pensando en las personas y no únicamente en las infraestructuras. La salud, argumentó, no puede ser considerada un servicio complementario dentro de la agenda urbana, sino una condición indispensable para garantizar el desarrollo sostenible.
La presencia del médico uruguayo en París también evidenció el creciente protagonismo de América Latina en los debates internacionales sobre gobernanza y sostenibilidad. Mientras muchas ciudades del mundo buscan respuestas a desafíos comunes como el envejecimiento de la población, la presión migratoria, la crisis climática o el aumento de los costos sanitarios, experiencias provenientes de países como Uruguay comienzan a ocupar un espacio cada vez más relevante en los escenarios multilaterales.
Al concluir la jornada, quedó una idea compartida por numerosos asistentes: las ciudades del futuro no serán evaluadas únicamente por la calidad de sus carreteras, sus edificios inteligentes o sus sistemas de transporte. También serán juzgadas por su capacidad para proteger la salud, la dignidad y el bienestar de quienes las habitan. En ese debate global, la voz de Raúl Germán Rodríguez se convirtió en una de las contribuciones más significativas de América Latina en la UNESCO.









