En una tarde templada de primavera parisina, donde la luz parece diseñada para realzar texturas y siluetas, un grupo de diseñadores colombianos irrumpió en la escena con una propuesta que desafiaba los estereotipos de la moda latinoamericana. No se trataba solo de prendas, sino de una narrativa: sostenibilidad, identidad y ambición global. Detrás de esta exposición —concebida como un punto de encuentro entre creadores emergentes y el exigente circuito europeo— estaba Ela Casati.
En una tarde templada de primavera parisina, donde la luz parece diseñada para realzar texturas y siluetas, un grupo de diseñadores colombianos irrumpió en la escena con una propuesta que desafiaba los estereotipos de la moda latinoamericana. Bajo el título “Colombian Pop-Up Store en París: la moda independiente redefine su lugar en la capital global del estilo”, la exposición encontró su escenario en LIV Coffee Shop, un espacio que, por unas horas, se transformó en vitrina cultural y punto de encuentro creativo.
Detrás de esta iniciativa estaba Ela Casati, una empresaria y escritora nacida en Bogotá en 1989, cuya trayectoria combina sensibilidad editorial y visión estratégica. Desde sus colaboraciones con The Vanilla Issue y Iconia Avant Garde, hasta la fundación de NANBEI S.A.S. en 2024, su trabajo ha estado guiado por una idea clara: posicionar la moda latinoamericana independiente como una propuesta competitiva en el circuito global.
La elección de LIV Coffee Shop no fue casual. Lejos de los escenarios tradicionales de la alta costura, el espacio ofrecía una atmósfera íntima y contemporánea, coherente con la filosofía del evento: acercar al público europeo a una moda que se define por su autenticidad, sostenibilidad y narrativa de origen. Allí, entre café y conversación, las prendas dejaron de ser objetos estáticos para convertirse en historias vivas.

Uno de los momentos centrales de la jornada fue la presentación de tres marcas —Zorrogris, Old Maquiina y Angel Kujaban— que ofrecieron nuevas visiones de la moda colombiana, alejadas del cliché del “chic tropical”. En su lugar, propusieron una estética más conceptual, urbana y global, donde el diseño dialoga con identidad, memoria y experimentación. Integradas en una experiencia de café exclusiva, las colecciones se desplegaron ante los asistentes como un adelanto del futuro de la moda colombiana: sofisticada, diversa y en plena transformación.
La exposición reunió a diseñadores colombianos independientes en un formato híbrido que combinaba showroom, networking y experiencia cultural. Compradores, periodistas y curiosos circularon entre las piezas, explorando materiales, técnicas y conceptos que dialogaban con temas globales como la producción responsable y la identidad cultural.

Durante años, la moda latinoamericana ha sido encasillada en lo artesanal, sin reconocimiento pleno de su capacidad para competir en segmentos premium. A través de NANBEI, busca precisamente cambiar esa narrativa: crear plataformas que eleven la visibilidad de marcas emergentes y las inserten en mercados internacionales con mayor equidad.
En París -una ciudad que durante décadas ha dictado el ritmo de la moda mundial- la presencia de estos diseñadores colombianos no solo amplía el mapa creativo, sino que cuestiona sus jerarquías. La exposición en LIV Coffee Shop propuso algo distinto: una experiencia cercana, donde el lujo no se medía en exclusividad, sino en historia, proceso y propósito.
El resultado fue más que un evento. Fue una declaración. En un momento en que la industria global de la moda enfrenta presiones por reinventarse, propuestas como esta sugieren que el futuro puede estar en los márgenes, en iniciativas que conectan territorios, narrativas y públicos.
Para Ela Casati, el camino apenas comienza. Pero en esa tarde parisina, entre telas, acentos y miradas curiosas, quedó claro que la moda latinoamericana no solo busca un lugar en el mundo: está empezando a redefinirlo.

En París, esa apuesta encontró un escenario simbólico. La ciudad, considerada durante décadas como uno de los epicentros indiscutibles de la moda, ha comenzado a abrir espacios a nuevas geografías creativas. En ese contexto, la presencia de diseñadores colombianos no solo amplía el mapa, sino que cuestiona las jerarquías tradicionales del sector.
El resultado fue una exposición que, más que presentar colecciones, planteó una conversación: sobre sostenibilidad en la producción, sobre identidad cultural en la estética contemporánea y sobre las posibilidades reales de inserción en el mercado global. Para los asistentes, la experiencia ofrecía algo poco frecuente en el calendario saturado de la moda: una sensación de descubrimiento.









