TRUJILLO, Perú.— En un escenario global marcado por incendios forestales más intensos, océanos cada vez más cálidos y una transición energética que avanza de forma desigual, la diplomacia ambiental se ha convertido en una de las arenas más complejas —y decisivas— del siglo XXI. No se libra solo en las grandes cumbres climáticas, sino también en territorios concretos donde el desarrollo, la pobreza y la degradación ambiental conviven a diario. En ese cruce de escalas, Perú vuelve a ocupar un lugar central.
Fue en Trujillo, ciudad costera del norte peruano, donde la Organización Democrática Mundial (ODM) presentó oficialmente a Juliana Yesenia Martell Ortiz como su nueva Directora Internacional de Medio Ambiente, junto con la dirección local de la ODM en Trujillo y su equipo técnico. El acto, encabezado por Roberto Vargas Machuca Otarola, CEO de la ODM, tuvo una carga simbólica clara: situar el liderazgo ambiental internacional lejos de las capitales tradicionales y más cerca de los territorios donde la crisis climática ya se manifiesta con crudeza.
“Las decisiones ambientales ya no pueden tomarse únicamente desde oficinas centrales o foros internacionales”, afirmó Vargas Machuca Otarola durante la presentación. “Necesitamos liderazgos que entiendan el territorio, sus conflictos y sus posibilidades”.

Trujillo como escenario estratégico
La elección de Trujillo no fue casual. Fundada sobre una herencia milenaria —desde la cultura Moche hasta el periodo colonial—, la ciudad es hoy uno de los principales polos económicos, agroindustriales y universitarios del país. Pero ese crecimiento acelerado ha traído consigo desafíos ambientales significativos: presión sobre los recursos hídricos, expansión urbana desordenada, contaminación y una creciente vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos extremos vinculados al calentamiento del océano Pacífico.
“Trujillo es un espejo de lo que ocurre en muchas ciudades intermedias de América Latina”, explicó en entrevista Ruth Buendía, defensora ambiental indígena y reconocida activista amazónica. “Aquí se ve con claridad cómo el desarrollo mal planificado puede chocar con la sostenibilidad, y por eso es tan importante que las organizaciones internacionales miren más allá de Lima”.
Un perfil técnico con vocación política
Martell Ortiz, abogada, docente universitaria y magíster en Gestión Pública, llega al cargo en un momento especialmente complejo para el Perú. El país enfrenta este año una combinación de amenazas ambientales: deforestación persistente en la Amazonía, expansión de la minería ilegal, retroceso acelerado de glaciares andinos —clave para el abastecimiento de agua— y una contaminación urbana que afecta de manera directa la salud pública.
A diferencia de otros liderazgos ambientales más mediáticos, su trayectoria se ha construido desde la gestión y la articulación. Es fundadora de la Asociación Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible BIOACTION, desde donde ha promovido proyectos de transición energética y sostenibilidad institucional, y consultora internacional del Voluntariado Iberoamericano de Desarrollo Estudiantil (VIDE), enfocada en formar liderazgos juveniles con enfoque ambiental.
“Juliana representa una nueva generación de diplomacia ambiental”, señaló Manuel Pulgar-Vidal, exministro del Ambiente del Perú y exlíder climático de WWF. “Combina conocimiento técnico, comprensión política y una capacidad real de diálogo con distintos actores. Eso es exactamente lo que hoy hace falta”.
La ODM y el giro hacia el sur global
Para la Organización Democrática Mundial, el nombramiento de Martell Ortiz se inscribe en una estrategia más amplia: reforzar su presencia en el sur global y apostar por liderazgos locales con proyección internacional. En un contexto donde muchos compromisos climáticos siguen sin traducirse en acciones concretas, la ODM busca posicionarse como un actor de articulación entre gobiernos, sociedad civil y sector privado.
“La crisis ambiental no reconoce fronteras, pero sus impactos no se distribuyen de manera justa”, advirtió Enrique Viale, abogado ambientalista argentino y referente regional. “Que una organización internacional confíe la dirección ambiental a una líder latinoamericana es una señal política relevante”.
Desde Trujillo, Martell Ortiz delineó una agenda centrada en cooperación internacional, fortalecimiento institucional y proyectos con impacto territorial. Su énfasis, según personas cercanas a su equipo, estará puesto en evitar soluciones importadas sin adaptación local, una crítica frecuente a los enfoques ambientales globales.
Entre lo local y lo global
La Amazonía peruana, los glaciares andinos y el litoral del Pacífico convierten al país en un territorio clave para el equilibrio climático regional. Pero también lo exponen a conflictos socioambientales cada vez más intensos. En ese contexto, la diplomacia ambiental deja de ser un ejercicio abstracto para convertirse en una herramienta de gobernabilidad.
“Necesitamos menos discursos y más puentes”, dijo Martell Ortiz durante el acto. “Puentes entre comunidades, Estados y organismos internacionales. Sin eso, la sostenibilidad seguirá siendo una promesa incumplida”.
En Trujillo, lejos de las grandes capitales del poder global, la presentación de la nueva Directora Internacional de Medio Ambiente de la ODM dejó una idea clara: el futuro de la política ambiental no se decidirá solo en las cumbres, sino en ciudades y territorios donde la crisis ya es parte de la vida cotidiana. Y donde el liderazgo, cada vez más, deberá hablar el lenguaje del territorio con una visión global.









