La ruana y la papa en mi niñez eran símbolos de respeto, dignidad y sacrificio. Y es que en Boyacá, la papa representa subsistencia, trabajo duro y amor por la tierra. La ruana, berraquera, humildad, abrigo y cercanía. Pero hoy, ambos símbolos se han convertido en instrumentos de politiqueros marrulleros que los usan para manipular a las masas, y en los últimos días, para hacerlos parte del populismo barato con el que buscan tapar sus desastres.

Realismo mágico
Mariposas amarillas estampadas sobre una ruana fueron el preludio del nuevo realismo mágico en tierras boyacenses, que terminó en la firma de 2.5 billones de mentiras sin raíz y sin futuro. El famoso pacto que el equipo verde amayista alza en hombros como si fuera un logro histórico.
“Chequera loca” —como le llaman al autoproclamado e innombrable Mesías— volvió a prometer hasta la risa. Pero no hay un solo documento técnico serio que respalde tanta dicha. Y peor aún, la lista está llena de proyectos reciclados y promesas viejas que no han cumplido, pero que siguen repitiendo sin el menor sonrojo.

Ejemplos sobran. La PTAR de Tunja está más manoseada que aguacate en rebaja: firmada desde hace dos años y ahora reaparece como si fuera novedad. El estadio de Sogamoso, otra vez en lista, y eso que hace poco le anunciaron 16 mil millones adicionales.
Lo mismo ocurre con la Torre del Hospital San Rafael, la Clínica María Josefa Canelones y otras obras verdes que están en el inventario proclamado pero que ya son reconocidas como monumentos al incumplimiento, sobrecostos, improvisación y falta de planeación. Fracasos que ahora maquillan dentro del “gran” pacto.

Además, descaradamente en ese costal de supuestos recursos por 2.5 billones de pesos, incluyen el millonario empréstito que vamos a pagar todos los boyacenses durante más de 12 años. ¿Plata nueva? Ninguna. ¿Gestión? Cero.
Y no se engañen, no hay obligatoriedad de cumplimiento ni ahora ni después, el gobierno Petro ya se acabó y la plata no alcanzó. Los mismos verdes están diciendo que no hay recursos suficientes para deporte, agricultura y vivienda, ¿y si va a haber para venir a repartir en Boyacá?
Lo que firmaron fue un cartón de discursos bonitos, que acompañaron de lágrimas teatrales—que ya aburren, indignan y ofenden—. Tanto así, que hasta el ungido de la ruana de mariposas se cuidó en salud y solo respaldó la foto, nada más.
Cortina de papa
Mientras tanto, en otros escenarios del mismo circo, alcaldes y alcaldesas, se unen al show. Se burlan en nuestra cara, mientras fingen alzar bultos de papa para repartir a diestra y siniestra, bajo la fachada de una mentirosa estrategia de atender la crisis del campo. De fondo, absolutamente nada, se acaba la compra, se acaba la escena y otra vez los paperos van a salir a las vías a vender sus cosechas y seguramente también a protestar.

Su plan es pecar y rezar. Entregan papa, mientras a los perseguidos, los que piensan diferente o se han opuesto a su proyecto, los han hecho huir de sus casas, les han quitado la papa y les han impedido tener un sustento.¿Será que creen que con un bulto de papa empatan los años de violencia y persecución política?
Hace más de una década que se ufanan de su supuesto compromiso con el campo y lo único que se inventan son papatones, quesatones y fotos con sonrisas, como paliativos que usan para mejorar su imagen.
La dignidad de nuestro pueblo se está canjeando por un tubérculo del que deberíamos sentir orgullo, pero que ellos convierten en embutido para tapar bocas, comprar votos y cosechar aplausos.
¡A despertar!
A mí me duele ver tanto aplauso y arrodillamiento en esas publicaciones que tanto prometen y fingen; aunque me devuelve un poco la esperanza que ahora son menos que antes. Pero me duele que pareciera que hay gente que no despierta. Me duele Boyacá, me duele que no reaccionemos.
Y aquí va el mensaje final: Afuera de esas redes, hay personas, profesionales, equipos que se están resistiendo ante el sistema corrupto. No para ser el palo en la rueda sino para buscar justicia, construir un Boyacá diferente, honrar la palabra y la verdad. Pero para que esa lucha, que por demás a veces resulta agotadora, valga la pena, necesitamos que más boyacenses hagan lo suyo: reciban la papa, pero no coman cuento.
La papa, la ruana, el campo y Boyacá, es serio, se deben respetar y entre todos podemos dar la batalla para que así sea.
Escrito por: Gina Rojas Hoyos Periodista con enfoque de género









